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Actuar en los campos en los que tradicionalmente ha intervenido la acción social de la Iglesia en México, profesionalizando la ayuda humanitaria: en situaciones de emergencias locales y nacionales; en nutrición y en salud familiar y comunitaria.
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Brindar atención profesional a grupos vulnerables: situaciones de violencia intrafamiliar, niños y mujeres indígenas urbanos, jóvenes adictos y personas en sufrimiento social.
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Dar servicios sociales de educación no formal para jóvenes y ancianos en sus propios contextos de pertenencia social.
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Fomentar una cultura de voluntariado que convoque al hecho caritativo y cristiano.
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Formar voluntarios parroquiales, profesionales y organizaciones que trabajan en el campo social.
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Documentar las lecciones aprendidas y desarrollar metodologías basadas en la experiencia obtenida.
